La polémica dentro del oficialismo por los fondos buitre parece más una cuestión de diferencias políticas que de diferentes criterios económicos, ya que las declaraciones que generaron tal polémica sólo difieren de las anteriores en que hieren de alguna manera el relato oficial.
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El Premio Nobel otorgado a Angus Deaton reconoce esfuerzos por mejorar técnicas de medición y análisis de la pobreza. Enseñanza para Argentina, cuyo Ministro de Economía plantea la absurda idea de que medir la pobreza es estigmatizante.
Aunque puedan identificarse precios internos que reflejen el dólar paralelo en lugar del oficial, se trata de precios insignificantes a nivel macroeconómico, ya que de lo contrario la inflación debería haberse acelerado cuando subió fuertemente el dólar paralelo.
Las políticas sociales pueden estar motivadas por genuina sensibilidad social o por frío cálculo político, en cuyo caso resulta difícil erradicar la pobreza. Eliminar estadísticas oficiales de pobreza es entonces inaceptable, porque es señal de ese tipo de cálculo político.
Suele argumentarse que, con suficiente confianza, liberar el tipo de cambio podría dejar un dólar por debajo del actual paralelo. Pero podría generarse una sobre-reacción, como ocurrió en 2002.
A diferencia de otros países, en Argentina las reservas importan porque indican el poder de fuego del Banco Central para enfrentar presiones cambiarias. Con pocas reservas y muchos pasivos a cubrir con ellas, el próximo Gobierno enfrentará riesgos de inestabilidad cambiaria.
El argumento de que una unificación cambiaria subiendo el dólar oficial no debería trasladarse a precios internos porque estos ya reflejan el valor del paralelo se basa en una hipótesis que no corroborada.
El principal economista de Scioli objeta la idea de un eventual desdoblamiento cambiario por las presiones sectoriales que se generarían, reclamando liquidar exportaciones al tipo de cambio libre. Pero tal vez no sea una objeción relevante.
El resultado de unificar el tipo de cambio, subiendo el oficial, depende de su interacción con paritarias. No es lo mismo hacerlo antes o después de paritarias, o coordinarlo con acuerdos de precios y salarios. El orden de las políticas económicas importa.
El caso de Estados Unidos, cuya alta emisión en los últimos años no generó inflación, suele citarse en Argentina para plantear que no hay relación entre emisión e inflación, obviando dos fenómenos particulares de la experiencia estadounidense.
Tal vez esté produciéndose cierta convergencia de agendas económicas, con Scioli explicitando el rol de Miguel Bein en su equipo, y Macri acercando economistas radicales con una mirada tal vez más cercana a la de Bein que a la de economistas históricos del PRO.
Proponer ajustes fiscales utilizando la analogía con una familia incurre en una falacia de composición: en muchos aspectos la macroeconomía no funciona como una familia, y eso es propio de cualquier sistema.
Las propuestas electorales están hoy cargadas de objetivos, como más crecimiento y empleo y menos inflación, pero con menos propuestas sobre instrumentos de política económica, y son éstos los relevantes para discriminar entre propuestas.
Cada vez más argentinos creen que si sufrimos recurrentes crisis económicas, es porque tenemos un problema cultural. Podría estar ocurriendo que el problema no sea cultural, sino institucional.
El dólar por encima de los 4 reales en Brasil complica a la economía argentina por el fuerte impacto negativo sobre la competitividad cambiaria.
La construcción ha estado recuperándose. Pero ha estado creando empleo formal a un menor ritmo, sugiriendo aumento del empleo informal, probablemente relacionado al crecimiento de la construcción particular.
Se debate, pensando en la política económica del próximo Gobierno, sobre shock vs gradualismo. Probablemente la verdadera disyuntiva sea dogmatismo vs pragmatismo, agregando la posibilidad de distintas velocidades para distintos componentes de la política económica.
Un economista con cierta presencia en los medios equipara la economía a las ciencias naturales, olvidando que la economía es una ciencia social, y utiliza un absurdo criterio de demarcación de las ciencias, de acuerdo a qué disciplinas están incluidas en los premios Nobel.
Es cierto que hay un problema cuando grupos minoritarios de acreedores pueden hacer caer una reestructuración de deuda soberana, como reconoce la resolución de la ONU. Pero el problema de Argentina es una sentencia firme en contra.
El Gobierno discontinuó estadísticas de pobreza con argumentos absurdos. Por la complejidad de la pobreza, hacen falta más, y no menos, estadísticas sociales.