Es natural que cueste reducir la inflación cuando los esfuerzos de política anti-inflacionaria están tan concentrados en el componente monetario de la inflación, descuidando otros componentes como el cambiario y el de coordinación de decisiones de precios y salarios.
Inflación
Hubo cierto apresuramiento en diagnosticar reducción de la inflación núcleo o subyacente, la parte de la inflación no generada por aumentos de precios transitorios o por única vez, que puede no estar ocurriendo. Puede ser una guía equivocada para la política económica.
Al final del segundo semestre, habrá dos problemas resueltos (cepo cambiario y default), tres problemas sin resolver (excesivo déficit fiscal y atrasos tarifario y cambiario) y dos procesos comenzando a revertirse (caída de la actividad económica y muy elevada inflación).
La inflación ha sido muy estable en los últimos años, en torno al 1.9% mensual, acelerándose con las devaluaciones de 2014 y 2015. Es probable que regrese a un ritmo cercano al 2% mensual cuando pase el efecto de la última devaluación y los aumentos de tarifas.
Dado que la meta de inflación para 2016 propuesta por el Ministerio de Hacienda y Finanzas (entre 20% y 25%) es casi de imposible cumplimiento, el Banco Central comenzó a despegarse de esa meta, planteando que a fin de este año propondrá un esquema “formal” de metas.
La evolución de la economía durante 2016 se parece mucho a la de 2014, en especial la evolución de la cantidad de dinero, la inflación y el poder adquisitivo de los salarios, aunque el impacto competitivo de la devaluación resiste un poco más esta vez.
Distintos ministros han minimizado los aumentos de tarifas comparándolos, por ejemplo, con el valor de una pizza. Una percepción distorsionada de lo que es caro o barato puede hacer que los ministros subestimen el impacto social de los aumentos de tarifas.
El Gobierno plantea que aumentos de precios por única vez no son inflación. No es del todo correcto cuando el proceso de salarios que aumentan porque suben precios y precios que aumentan porque suben salarios se alimenta, incluso, de aumentos por única vez.
Parte del Gobierno reconoce que habrá que modificar la meta de inflación para este año, como ocurre con cualquier proyección económica. Pero las metas de inflación no son una proyección, sino un objetivo de política económica pensado para coordinar expectativas.
El cepo cambiario limitó la compra de dólares y terminó aumentando la demanda de pesos, reduciendo así el impacto inflacionario de la emisión de dinero. Eliminado el cepo, podría estar ocurriendo lo opuesto, haciendo más difícil la política monetaria.
Suele parecer obvio que, si el precio de un producto en góndola es varias veces superior al precio que recibe el productor de la materia prima, alguien está abusándose del consumidor. Deja de parecer obvio cuando se consideran todos los costos que es necesario cubrir.
Este gobierno, como los anteriores, culpó a empresarios y comerciantes por la inflación, aprovechando ciertas complejidades del fenómeno inflacionario. Recientemente el Presidente reconoció la responsabilidad del Estado, una postura más saludable que la anterior.
La licuación del valor real de la recaudación y la desmonetización de la economía son dos consecuencias de una inflación muy elevada, que a su vez aumentan la inflación, conduciendo hacia la hiperinflación. Ambos fenómenos están hoy muy lejos de producirse.
Hay economistas que citan casos como el del Plan de Convertibilidad para justificar el intento de bajar la inflación a través de un fuerte ajuste fiscal. Pero aquella reducción de la inflación fue consecuencia de una estricta regla de política monetaria.
Ciertos economistas críticos del actual plan económico citan el caso del inicio del Plan Austral, cuando la inflación cayó de manera abrupta, como argumento para proponer un fuerte ajuste fiscal. Lo curioso es que en aquella ocasión fue la baja de la inflación la que permitió reducir el déficit fiscal.
La inflación es, para el Presidente del Banco Central, un fenómeno estrictamente monetario y, para el Ministro de Hacienda y Finanzas, un fenómeno, además de monetario, vinculado a la coordinación de decisiones de ajustes de precios y salarios.
Muchas de las críticas al “gradualismo fiscal” del actual plan económico se basan en un análisis equivocado de experiencias anteriores, como el Plan Austral o el Plan de Convertibilidad, ninguno de los cuales recurrió a abruptos ajustes fiscales para bajar la inflación.