Es común pensar que la inflación es un fenómeno estrictamente monetario y que, por lo tanto, los planes anti-inflacionarios monetaristas son adecuados. Pero cuando la inflación es elevada se activan fenómenos no monetarios, que requieren políticas económicas adicionales.
Política Económica
Tanto el anterior como el actual Gobierno advirtieron a los empresarios que, en caso de no moderar aumentos de precios, podrían abrir importaciones. Pero es una medida que no sirve para bajar la inflación, porque tiene un impacto acotado y por única vez sobre los precios.
El actual Gobierno retoma la idea del anterior Gobierno de que la inflación es consecuencia de mercados concentrados, y entonces acciones de defensa de la competencia sirven para reducirla. Esas acciones pueden beneficiar a los consumidores, pero no reducir la inflación.
El nuevo gobierno recurre a ideas económicas del gobierno anterior, como la amenaza con apertura de importaciones, la utilización de precios de referencia o el foco en los mercados concentrados. Nada de eso sirve para bajar la inflación.
El argumento de que precios de referencia sirven para bajar la inflación era falso cuando lo usaba el Ministro Kicillof para justificar Precios Cuidados y es falso también ahora. El sitio propuesto por el Ministerio de Producción para publicar precios difícilmente incida sobre la inflación.
Utilizar un enfoque de metas de inflación en el contexto actual, luego de una fuerte devaluación, en medio de aumentos de tarifas y sin estadísticas oficiales de inflación, puede requerir instrumentos adicionales a los habituales en este tipo de enfoques.
Para que la reciente unificación cambiaria resulte exitosa, deberá cumplir tres objetivos: que no vuelvan las presiones cambiarias, que no se acelere la inflación y que logremos salir del atraso cambiario. Por ahora, sólo estaría cumpliéndose el primer objetivo.
Reducir la emisión de dinero no reduce automáticamente la inflación. El contexto actual requiere acuerdos para mantener precios y salarios durante el año y una política monetaria que, en lugar de liderar, acompañe el proceso.
Acelerada la inflación como consecuencia de la suba del dólar oficial, el Gobierno tal vez tenga que intentar ciertos acuerdos de precios y salarios, teniendo en cuenta que es mucho más difícil controlar y hacer cumplir acuerdos de precios que acuerdos salariales.
El intento de retrotraer precios a noviembre, incluso bajo advertencia de abrir importaciones, refleja que el Gobierno está, de algún modo, corriendo de atrás a la inflación. Tal vez por haber creído demasiado que precios internos estaban fijados con un dólar a $16.
Gobierno saliente y entrante tienen sus argumentos sobre por qué el otro tiene la culpa por la mayor inflación de las últimas semanas. Ambos tienen parte de la razón, pero lo único importante ahora es cómo el nuevo Gobierno decide reducir la inflación.
En su discurso inaugural, el presidente Macri reiteró, como lo hace siempre, su concepción de la gestión como coordinación de equipos. La conformación del gabinete económico, más novedosa por su modo de coordinación que por los ministerios que lo integran, en línea con esa concepción.
La recuperación de las estadísticas oficiales fue enfatizada por el presidente Macri en su discurso inaugural. Ya había comenzado a tomar decisiones al respecto, designando al frente del INDEC a Jorge Todesca, economista comprometido con la calidad de las estadísticas económicas.
Junto con pobreza cero, el desarrollo económico fue otro objetivo planteado por el presidente Macri en su discurso inaugural, a través de inversiones, educación pública e instituciones, estas últimas enfatizadas por las modernas teorías del desarrollo económico.
El discurso presidencial dejó una definición, no nueva, pero sí importante: pobreza cero como principal objetivo de política económica, con presencia del Estado, universalización de asignaciones sociales para la niñez, erradicación de villas y generación de empleos.
El discurso inaugural del presidente Macri no dio precisiones sobre políticas económicas, aunque sí definió 4 ejes que deberían brincar un marco para el diseño de esas políticas: pobreza cero, desarrollo económico, estadísticas oficiales creíbles y gestión de equipos.
Para evitar políticas monetarias demasiado duras, riesgo asociado a asignar exclusivamente al Banco Central las metas inflacionarias, es necesario coordinar a esa entidad con los ministerios de Hacienda y Finanzas y de Trabajo, e incluso con la Secretaría de Comercio.
El nuevo equipo económico tiene varias alternativas para reponer reservas en el Banco Central. No es extraño entonces que el valor del dólar paralelo no refleje la gran escasez actual de reservas, sino la expectativa de que esas reservas se recuperen a corto plazo.
“Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. Para evitar decepciones como la de Pugliese en el ’89, el desafío de reducir el impacto inflacionario de la unificación cambiaria ya anunciada requerirá ciertos controles de precios y abastecimiento.
Una eventual unificación cambiaria no impactará sobre precios de bienes importados que venían pagándose por fuera del mercado oficial, pero sí sobre otros precios, como los del resto de los importados, los de insumos nacionales con precios en dólares y los de productos exportables.