El uso político de la inflación

El análisis económico del día. La mayor presión impositiva al no actualizar ciertos parámetros del Impuesto a las Ganancias profundiza la caída del poder adquisitivo de los salarios. Bonos de fin de año terminarían trasladando esa presión impositiva a las empresas.

La solución de fondo es bajar la inflación. Pero no hay incentivos a hacerlo cuando se la utiliza políticamente.


Una pregunta frecuente es por qué un Gobierno habría de ejecutar políticas inflacionarias si es sabido que la inflación genera efectos económicos y sociales negativos.

Las respuestas son múltiples.

La inflación suele ser consecuencia de gobiernos que utilizan políticas económicas expansivas para tratar de reducir el nivel de desempleo más allá del punto en que resulta razonable disminuirlo de ese modo.

Por debajo de cierto nivel sólo quedan formas de desempleo no reducibles mediante políticas expansivas, como el desempleo estructural (personas con dificultad para sumarse al mercado laboral) y el desempleo friccional (desempleados sólo por estar en la transición entre un empleo y otro), y el resultado termina siendo entonces inflacionario.

En otras ocasiones, la inflación es consecuencia de desequilibrios fiscales excesivos cuya financiación requiere emisión monetaria, por decisiones deliberadas vinculadas a aquel interés por políticas expansivas, o por muchos otros motivos.

Pero también puede ocurrir que un Gobierno se sienta cómodo con políticas inflacionarias simplemente porque utiliza políticamente algunos de sus efectos.

Una forma de hacerlo es apropiándose políticamente de las actualizaciones de asignaciones sociales y jubilaciones.

Consiste en (a) ejecutar políticas económicas inflacionarias, (b) licuar el poder adquisitivo de asignaciones sociales y jubilaciones, (c) otorgar aumentos de asignaciones y jubilaciones tan sólo para que vuelvan a su poder adquisitivo original, (d) comunicar los aumentos como una reparación por parte del Gobierno frente a la codicia de los empresarios que aumentan los precios.

Otra forma es apropiándose de una proporción cada vez mayor de los recursos de la sociedad para hacer política, aumentando la presión impositiva sin tener que subir los impuestos.

Consiste en (a) ejecutar políticas económicas inflacionarias, (b) dejar fijos ciertos parámetros impositivos, como mínimos no imponibles, (c) obtener así aumentos de recaudación por encima de la inflación, porque inflación con parámetros fijos implica que el sistema impositivo identifica como ganancias aumentos que no lo son.

Las tres explicaciones sirven para comprender cómo llegamos a la inflación actual.

Ese uso político de la inflación sirve para analizar la actual discusión sobre salarios.

El poder adquisitivo de los salarios ha caído fuertemente desde el año pasado (ver gráfico).

Poder adquisitivo de salarios

Y encima el Gobierno decidió seguir aumentando la presión impositiva dejando otra vez sin cambios el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias.

Este uso de la inflación para aumentar la presión impositiva profundiza los reclamos sindicales por recomposición salarial, al menos algún bono de fin de año que complemente los salarios acordados en paritarias.

Pero ocurre que hay sectores productivos muy afectados por la recesión para los cuales es muy difícil pagar cualquier adicional. Que encima, en parte, sería para compensar mayor presión impositiva nacional.

En otras palabras, el Gobierno Nacional aumenta la presión impositiva, perjudicando a los asalariados, y un bono que restituya parte del poder adquisitivo perdido terminaría trasladando parte de esa presión impositiva a las empresas.

Y los gobiernos provinciales estimulan los reclamos en el sector privado cuando ofrecen bonos para sus empleados financiados, paradójicamente, con los impuestos que pagan las empresas que no pueden hacer lo mismo con sus empleados.

Una solución parcial es modificar el Impuesto a las Ganancias, para que sus parámetros se ajusten por inflación, impidiendo su aprovechamiento para aumentar artificialmente la presión impositiva.

La solución de fondo es bajar la inflación, no sólo para impedir ese aumento artificial de presión impositiva sino también para evitar pérdidas de poder adquisitivo de salarios como las ocurridas desde el año pasado.

Ninguna de las dos cosas es probable a corto plazo.

En parte porque el uso político de la inflación hace atractivo, para el Gobierno, continuar con la situación actual.

El análisis económico del día. Por Gastón Utrera.